La interseccionalidad pone de relieve cómo las categorías sociales se aplican a un individuo o grupo, creando sistemas solapados e interdependientes de favor y desfavor. Es decir, de la misma manera que es imposible separar mi negritud de mi género, mi clase y mis capacidades, también sería imposible examinar por separado la discriminación con la que me encuentro, ya que las instituciones que me oprimen están interconectadas.

El término fue acuñado a finales de los años ochenta por Kimberlé Williams Crenshaw con motivo de la denuncia contra General Motors presentada por un grupo de mujeres negras por discriminación racial y de género a mediados de los años setenta. La causa no prosperó ante la imposibilidad de contemplar dos formas de discriminación al mismo tiempo.

CÓMO INTERACTÚAN LAS OPRESIONES

Varias décadas después, la presión para escoger una sola categoría protegida y no apartarse de ella es más sutil, pero el modelo prosigue. Nos referimos a nueve categorías protegidas, de las que las principales son raza, religión, género, sexualidad, diversidad funcional, edad y clase. Cada una lleva implícita una historia de lucha, una situación de marginación y también algún tipo de privilegio.



La interseccionalidad no se refiere tan solo a la identidad, sino al modo en que las instituciones utilizan la identidad para excluir y favorecer. Dicho término proporciona a sus defensores una herramienta para enmarcar sus circunstancias y luchar por la visibilidad y la inclusión.
Por ejemplo, en los últimos años han surgido grupos feministas negras para hablar de la marginación a la que les someten grupos feministas blancas que no entienden la experiencia negra, su propio privilegio ni cómo ser buenas aliadas. Y lo mismo ocurre con otros individuos u organizaciones que hablan en nombre de comunidades marginadas pero no las representan, o difícilmente entienden su posición y el impacto que su presencia tiene sobre el empoderamiento.

Los aliados necesitan vigilarse y hacerse preguntas cuando se les critica por continuar con las opresiones, en vez de defenderse y ponerse nerviosos

La comprensión de cómo diversas opresiones interactúan crea las condiciones propicias para un activismo político justo. Por ejemplo, la acción llevada a cabo en otoño del año pasado por la organización Black Lives Matter del Reino Unido en el Aeropuerto de la Ciudad de Londres evidenció las limitaciones de una visión del mundo menos dinámica. La afirmación de que “la crisis climática es una crisis racista” se criticó ferozmente desde algunos sectores que consideraron que la cuestión de raza había secuestrado el problema del clima.

Sigue resultando muy sencillo para ciertos círculos reiterar la necesidad de políticas relativas al cambio climático mientras continúan encontrando las maneras de expulsar a grupos marginales de la agenda política.

DEBAJO DE LA ALFOMBRA

La interseccionalidad nos permite mirar debajo de la alfombra para ver la conexión entre lo que sucede ahora con el clima, el papel que Occidente ha jugado en ese deterioro y el efecto que el cambio climático tiene sobre el sur global.

El cambio climático, los conflictos tribales, el colonialismo, el comercio de armas, la pobreza, las migraciones, el transporte, el racismo, las leyes de inmigración, todos estos temas están interrelacionados. En lugar de responsabilizar a las voces que ponen de relieve los problemas a los que nos enfrentamos, necesitamos examinar las estructuras de poder que con tanto éxito se resisten al cambio.



Los avances han sido lentos y las leyes que luchan contra la discriminación son particularmente inadecuadas para combatir unas desigualdades enormemente arraigadas. Es por esta razón por la que en esta era política de Brexit y Trump, en esta nueva era imperialista, los aliados necesitan vigilarse y hacerse preguntas cuando se les critica por continuar con las opresiones, en vez de defenderse y ponerse nerviosos, con el fin de mantener una visión de justicia social que reconozca cómo el racismo, el sexismo y otras formas de discriminación nos debilitan.

La clave es la solidaridad. Cuanto mejor entendamos cómo las identidades y el poder trabajan juntos en todos los contextos, menos posibilidad habrá de que nuestros movimientos se fracturen. La interseccionalidad es la comprensión que nos puede guiar a ese lugar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *